viernes, 11 de febrero de 2011

Las pinturas negras, tal como las pintó Goya

Arte, Cultura y Ciencia

Mario Sasot (La Vanguardia, 07/02/11, pág. 38)

Fotos tomadas antes de que las pinturas fueran arrancadas de la Quinta del Sordo muestran que un restaurador modificó las obras
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Duelo a garrotazos. Los dos contendientes no tenían las piernas semienterradas, sino que se apoyaban en la hierba, moviéndose entre espigas de trigo y alterando la inclinación de la vegetación
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Perro semihundido. El estudio muestra que Goya pintó el perro mirando una bandada de aves

Las pinturas negras de Goya que hoy podemos contemplar en el Museo del Prado, difieren, en no pocos detalles, de los frescos originales pintados por el genio de Fuendetodos en las paredes de su Quinta del Sordo madrileña entre 1819 y 1824. Este es uno de los hallazgos que el investigador Carlos Foradada Baldellou, profesor de la faculta de Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza, pone de manifiesto en el último número de la revista Goya, órgano científico de la fundación Lázaro Galdiano y que suponen la continuación de los trabajos iniciados en su tesis doctoral sobre las pinturas negras.

En el curso de su investigación, Foradada tuvo acceso a las placas fotográficas que el fotógrafo y etnógrafo francés Juan Laurent realizó poco antes de que fueran arrancadas de sus muros y trasladadas a París. Las placas, que han ido saliendo paulatinamente a la luz, han sido escaneadas en alta resolución por el Ministerio de Cultura. Con ayuda de sofisticados programas informáticos digitales, Foradada ha podido penetrar en las entrañas de estas obras con sorprendentes resultados.

Los protagonistas del famoso Duelo a garrotazos no tienen las piernas semienterradas, sino que se apoyan en la hierba, moviéndose entre espigas de trigo y alterando la inclinación de la vegetación. El Perro semihundido no mira hacia la nada, creando una sensación de soledad y desconsuelo, como nos muestra la versión actual, sino hacia una bandada de pajarillos dentro de un contraste de luz y oscuridad muy marcados, conviertiéndolos en un canto a la libertad que coincide con los deseos del pintor de salir de su país.

"Goya nos trae a colación la dialéctica entre la luz y la oscuridad, presente en todas sus obras de este periodo. Concretamente en este cuadro, la tensión entre lo abierto y lo cerrado, se observa en el plano de tierra que atenaza al animal, en relación con las aves del cielo abierto. Podemos considerar, por tanto, que Goya representó el concepto de libertad contemporáneo a través de las aves en vuelo antes que Picasso.

En 1824, Francisco de Goya deja Madrid y la Quinta del Sordo, agobiado por los problemas económicos y harto del régimen absolutista español, y se instala en Burdeos. Cincuenta años mas tarde, la Quinta del sordo es adquirida por el barón D'Erlarger, quien arranca las pinturas de sus muros y las traslada a París para exhibirlas en la Exposición Universal de 1878. En vista del escaso interés suscitado por estas piezas, D'Erlarger, en 1881, opta por donarlas al Museo del Prado, quien dado su deterioro, encarga su restauración a Salvador martínez Cubells, restaurador del Museo del Prado.

Foradada comenta en la revisa Goya que el proceso de restauración aplicado por Cubells fue "realmente agresivo". Para la extracción utilizó, según sus propias investigaciones, la técnica del strappo, un procedimiento utilizado para levantar grandes superficies. "Las pérdidas de pintura ocasionadas en dicho proceso dieron lugar a numerosos repintes que originaron las diferencias reveladas en las pinturas negras tal como se conservan en el Museo del Prado".

Las diferencias entre lo que revelan las fotografías de Laurent en alta resolución y las obras restauradas, suponen unos relevantes cambios de interpretación, tanto temáticos como históricos e ideológicos.

El personaje de la izquierda del Duelo a garrotazos muestra parte de la casaca desgarrada por los golpes, lo que no se aprecia en el lienzo actual. Y una flor blanca pintada en la chaqueta de este personaje y algunos otros ornamentos indumentarios desmienten la imagen de "vaqueros" que hasta ahora les atribuían los críticos a estos personajes por el hecho de que hubiera, al fondo del cuadro, unos animales pastando. "Goya -dice- representó a las dos Españas enfrentadas a través de ambos personajes. De tal modo que hallamos al contendiente a la derecha con un gesto de protección que enmascara su rostro, en oposición a la transparencia y al color blanco del otro, elementos que Goya siempre relaciona con la Ilustración y, por extensión, con la Constitución de 1812".

El experto reflexiona en su estudio sobre Saturno devorando a sus hijos. Para el profesor aragonés, "los ojos en la obra restaurada coinciden con pérdidas de pintura originadas en el proceso de extracción de la misma y su reconstrucción es poco afortunada. El Saturno orginal mira asombrado, pero de manera incisiva a los ojos del epectador, a diferencia de la simple condición depredadora y plegada sobre sí misma que interpretó Cubells y que, sin duda, ha influido en la interpretación posterior de la obra".

El estudio minucioso de Foradada le lleva a concluir que El coloso, un cuadro realizado unos años antes de las pinturas negras y descatalogado por el Prado como pintura no atribuible a Goya, es del pintor aragonés. "Los materiales hallados en los análisis de la pintura son los utilizados habitualmente por Goya. En modo alguno se puede negar la autoría del pintor por este motivo. Y si bien es cierto que dichos materiales eran de uso común entre los pintores de la época, no lo es el criterio de ejecución observado en El coloso, puesto que responde al aplicado por Goya de manera exclusiva y, además, en todas las obras que elabora al margen de los encargos durante este periodo".

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